viernes, 12 de diciembre de 2025

Poesía y enseñanza de la geografía


Palabra, territorio e infancias como insumisión epistemológica


Poesía y geografía: saberes insurgentes

La poesía y la geografía, a primera vista, parecen disciplinas distantes: una ligada a la imaginación, la otra a la ciencia. Sin embargo, cuando se estudian desde una perspectiva crítica, ambas se revelan como saberes insurgentes capaces de cuestionar el orden establecido.

La geografía crítica denuncia las desigualdades espaciales y las violencias del territorio; la poesía, por su parte, aporta la palabra encendida, capaz de incendiar las estructuras de dominación y resignificar lo vivido. En este cruce, el espacio deja de ser neutral y la palabra deja de ser decorativa.


Memoria, espacio e imaginación

En La poética del espacio, Gaston Bachelard (1957) sugiere que la relación entre memoria e imaginación es indisoluble cuando se crea una imagen en el espacio. Esta unión genera una comunidad del recuerdo y de la imagen, donde los recuerdos de las antiguas moradas “van al país de la Infancia Inmóvil, inmóvil como lo Inmemorial” (p. 29).

Esta perspectiva se distancia de la relación hombre–naturaleza propia de la geografía racionalista, para reconocer que los espacios se cargan de historia, experiencias e idearios. La poesía, entonces, no se limita a describir montañas o ríos: los convierte en metáforas de emancipación y justicia.


El poema como territorio: análisis poético

José Martí: interdependencia entre sujeto y paisaje

Ejemplo de esta poética espacial se encuentra en los versos de José Martí:

“Yo vengo de todas partes /
y hacia todas partes voy: /
arte soy entre las artes, /
en los montes, montes soy”
(Martí, 1891/1993, p. 214).

Aquí el poeta no se declara dueño del paisaje, sino parte de él, reconociendo la interdependencia entre sujeto y territorio. El espacio no es objeto de apropiación, sino experiencia compartida.


Gloria Fuertes: geografía del cuerpo y fronteras del yo

De modo semejante, Gloria Fuertes (1978), en su poema Geografía Humana, construye un territorio íntimo donde cuerpo, paisaje y emoción se funden:

“Tengo un lago debajo de la frente,
a veces se desborda y por las cuencas,
donde se bañan las niñas de mis ojos,
cuando el llanto me llega hasta las piernas
y mis volcanes tiemblan en la danza.

Por el norte limito con la duda
por el este limito con el otro
por el oeste Corazón Abierto
y por el sur con tierra castellana.”
(Fuertes, 1978, p. 28)

En este poema se configura un continente interior donde el dolor y la esperanza se entrelazan. El cuerpo se vuelve territorio; el territorio, frontera emocional; el poema, una cartografía del yo y del otro.

Este lenguaje poético permite articular la poesía como método para escuchar los territorios simbólicos de las infancias: su memoria espacial, su justicia simbólica, sus formas de habitar. Estas voces revelan que la poesía latinoamericana no ha sido un ejercicio decorativo, sino un proyecto geográfico alterno que inscribe en el lenguaje las memorias colectivas de resistencia de la geografía latinoamericana (Anexo 1).


Aportes desde la geografía poética y crítica

Desde la academia, Luiz Carlos Flávio (2018) defiende esta aproximación al afirmar que “a poesia geográfica rompe com as estruturas rígidas da ciência para oferecer uma visão mais holística e humana do entorno” (p. 49). Esta ruptura no busca sustituir la geografía crítica, sino expandirla, reconociendo que la emoción y la estética también son vías legítimas de conocimiento territorial.

En la misma línea, Vinícius Anselmo Goes (2015) señala que la geografía poética invita a pensar el espacio “não só desde o onde, mas desde o como se sente e se vive” (p. 15). La centralidad del sentir revela que enseñar geografía con poesía es abrir la puerta a los saberes subalternos y a las experiencias infantiles, usualmente silenciadas en el aula.


Geopoética y experiencia del viaje

La geopoética se ha consolidado como una corriente que articula esta visión. Onfray (2013), en Teoría del viaje: Poética de la geografía, insiste en que desplazarse no es solo recorrer distancias, sino experimentar la intensidad de los lugares y dejarse transformar por ellos.

Michel (2007) recuerda que la poética del viaje constituye una forma de conocimiento que resiste la reducción cuantitativa del espacio. Ambas lecturas confluyen en un principio común: la palabra poética desborda la cartografía oficial, abriendo territorios para lo subjetivo, lo vulnerable y lo insurgente.


América Latina: poesía, violencia y territorio

En América Latina, la poesía geográfica adquiere un carácter profundamente político. Vanegas Athías (2018) habla de poéticas de la violencia para señalar cómo cuerpos y territorios en Colombia han sido atravesados por guerras, desplazamientos y silenciamientos (p. 71).

En Geografías del habitar, la misma autora subraya que el espacio no se entiende solo como recurso, sino como práctica vital y conflictiva donde se inscribe la lucha por la existencia (Vanegas Athías, 2019, p. 3). Esta perspectiva se vincula directamente con la enseñanza: invitar a niños, niñas y jóvenes a escribir sobre su barrio, su río o su escuela no es un ejercicio estético superficial, sino un acto de memoria y resistencia que reconoce la dignidad de habitar.


Poesía como herramienta metodológica en la enseñanza

El Tratado de geografía humana (Hiernaux & Lindón, 2016) enfatiza que los territorios deben leerse como escenarios de la vida cotidiana, donde se cruzan lo material y lo simbólico (p. 456). Esta mirada dialoga con las propuestas de la GeoPoesía del Congreso Brasileño de Geografía (CBG, 2014), que integra análisis espacial y creación poética para estudiar desplazamiento, memoria e identidad.

Lejos de ser un ornamento, la poesía se convierte aquí en herramienta metodológica, capaz de hacer visibles afectos, dolores y resistencias que de otra manera quedarían fuera del mapa.

Experiencias como O espaço geográfico através da literatura (UNIR, 2015) muestran que los textos poéticos y narrativos enriquecen la comprensión escolar del territorio al articular contenidos disciplinares con imaginarios culturales. En la misma línea, Archipiélago (2013) sostiene que el poema es una “cartografía emocional” (p. 23): una forma de trazar rutas subjetivas que complementan —y muchas veces cuestionan— las rutas físicas.


Conclusión: palabra poética y educación territorial

Pensar la poesía y la geografía crítica de manera conjunta constituye una estrategia de insumisión epistemológica. Ambas permiten cuestionar narrativas dominantes, denunciar injusticias y proponer nuevas formas de habitar.

En el contexto educativo, esta unión abre la posibilidad de formar infancias capaces no solo de ubicar países en un mapa, sino de sentir y pensar el territorio como espacio de vida, digno de ser respetado y transformado. La palabra poética se vuelve así un acto político: una forma de incendiar la indiferencia, de fundar territorios dignos y de educar en la restauración.


Tomado de:
Montaña de Colores: La Geografía de las infancias y la poesía como apuesta pedagógica para su enseñanza

Referencias

Bachelard, G. (1975). La poética del espacio. Fondo de Cultura Económica.

Flávio, L. C. (2020). Por uma geografia com poesia. Revista GeoUECE, 8(15), 8–22.

Fuertes, G. (1978). Geografía humana. Madrid: Cátedra.

Hiernaux, D., & Lindón, A. (Eds.). (2016). Tratado de geografía humana. Anthropos / Universidad Autónoma Metropolitana.

Martí, J. (1891/1993). Versos sencillos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

Michel, F. (2007). Viaje, espacio y poética. París: L’Harmattan.

Onfray, M. (2013). Teoría del viaje: Poética de la geografía. Madrid: Taurus.

Vanegas Athías, D. (2018). Poéticas de la violencia. Bogotá: Editorial Universidad Nacional de Colombia.

Vanegas Athías, D. (2019). Geografías del habitar. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

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