sábado, 24 de octubre de 2015

TALLER DE POESÍA: POEMAS CORTOS Y DE OBJETOS

La soledad del ciudadano (1932) - Herbert Bayer


MANIFIESTO POÉTICO

Por Dylan Thomas


Usted quiere saber por qué y cómo empecé a escribir y qué poetas o tipo de poesía me emocionaron e influyeron en mí.
Para responder a la primera parte de esta pregunta diría en primer lugar quería escribir poesía porque me había enamorado de las palabras. Los primeros poemas que conocí fueron canciones infantiles, y antes de poder leerlas, me había enamorado de sus palabras, sólo de sus palabras. Lo que las palabras representan, simbolizan o querían decir tenía una importancia secundaria; lo que importa era su sonido cuando las oía por primera vez en los labios de la remota e incomprensible gente grande que, por alguna razón, vivía en mi mundo.

Y para mí esas palabras eran como pueden ser para un sordo de nacimiento que ha recuperado milagrosamente el oído, los tañidos de las campanas, los sonidos de instrumentos musicales, los rumores del viento, el mar y la lluvia, el ruido de los carros de lechero, los golpes de los cascos sobre el empedrado, el jugueteo de las ramas contra el vidrio de una ventana. No me importaba lo que decían las palabras, ni tampoco lo que le sucediera a Jack, a Jill, a la Madre Oca y a todos los demás; me importaba las formas sonoras que sus nombres y las palabras que describían sus acciones creaban en mis oídos; me importaba los  colores que las palabras arrojaban a mis ojos. Me doy cuenta de que quizás, mientras repienso todo aquello, estoy idealizando mis reacciones ante las simples y hermosas palabras de esos poemas puros, pero eso es todo lo que honestamente puedo recordar, aunque el tiempo haya podido falsear mi memoria.


Me enamoré inmediatamente -esta es la única expresión que se me ocurre-, y todavía estoy a merced de las palabras, aunque ahora a veces, porque conozco muy bien algo de su conducta, creo que puedo influir levemente en ellas, y hasta he aprendido a dominarlas de vez en cuando, lo que parece gustarles. Inmediatamente empecé a trastabillar detrás de las palabras. Y cuando yo mismo empecé a leer los poemas infantiles, y, más tarde, otros versos y baladas, supe que había descubierto las cosas más importantes que podía existir para mí. Allí estaban, aparentemente inertes, hechas solo de blanco y negro, pero de ellas, de su propio ser, surgían el amor, el terror, la piedad, el dolor, la admiración y todas las demás abstracciones imprecisas que tornan peligrosas, grandes y soportables nuestra vidas efímeras. De ellas surgían los trasportes, gruñidos, hipos y carcajadas de la diversión corriente de la tierra; y aunque a menudo lo que las palabras significaban era deliciosamente divertido por sí mismo, en aquella época casi olvidaba que me parecían mucho más divertidas la forma, el matiz, el tamaño y el ruido de las palabras a medida que tarareaban, desafinaban, bailoteaban y galopaban. Era la época de la inocencia; las palabras estallaban sobre sí, despojadas de asociaciones triviales o portentosas; las palabras eran su propio ímpetu, frescas con el rocío del Paraíso, tales como aparecían en el aire. Hacían sus propias asociaciones originales a medida que surgían y brillaban. Las palabras "Cabalga en un caballito de manera hasta Banbury Cross" (Ride a cock-horse to Bandury Cross), aunque entonces no sabía qué era un caballito de madera ni me importaba un bledo donde pudiera estar Bandury Cross, eran tan obsesionantes como lo fueron más tarde líneas como las de John Donne: "Ve a recoger una estrella errante. Fecunda raíz de mandrágora" (Go and catch a falling star. Get with child a mandrake root), que tampoco entendí cuando leía por primera vez. Y a medida que leía más y más, y de ninguna manera eran sólo versos, mi amor por la verdadera vida de las palabras aumentó hasta que sabía que debía vivir con ellas y en ellas siempre. Sabía, en verdad, que debía ser un escritor de palabras y nada más. Lo primero era sentir y conocer sus sonidos y sustancia; que haría con esas palabras, como iba a usarlas, que diría a través de ellas, surgiría más tarde. Sabía que tenía que conocerlas mas íntimamente en todas sus formas y maneras, sus altibajos, partes y cambios, necesidades y exigencias. (Temo que estoy empezando a hablar vagamente. No me gusta escribir sobre las palabras, porque entonces uso palabras malas, equivocadas, anticuadas y fofas. Me gusta tratar las palabras como el artesano trata la madera, la piedra o lo que sea, tallarlas, labrarlas, moldearlas, cepillarlas y pulirlas para convertirlas en diseños (secuencias, esculturas, fugas de sonidos que expresan algún impulso lírico, alguna duda o convicción espiritual, alguna verdad vagamente entrevista que tenga que alcanzar y comprender). Cuando era niño y empezaba a ir a la escuela, en el estudio de mi padre, ante deberes que nunca hacía, empecé a diferenciar una clase de escritura de otra, una clase de bondad, una clase de maldad. Mi primera y mayor libertad fue la de poder leer de todo y cualquier cosa que quisiera. Leí indiscriminadamente, todo ojos. No había soñado que en el mundo encerrado dentro de las tapas de los libros pudiese ocurrir cosas semejantes, tales tormentas de arenas y tales ráfagas heladas de palabras, tales latigazos a la charlatanería y también tanta charlatanería, una pez tan tambaleante, una risa tan enorme, tantas y tan brillantes luces enceguecedoras que se abrían paso a través de los sentidos recién despiertos y se diseminaban por todas las páginas en un millón de añicos y pedazos que eran todos palabras, palabras, palabras, cada una de las cuales estaba viva para siempre en su propia delicia, gloria, rareza y luz.
Escribía infinitas imitaciones, aunque no las consideraba imitaciones sino más bien cosas maravillosamente originales, como huevos puestos por tigres. Eran imitaciones de lo que estuviera leyendo en ese momento; Sir Thomas Browne, de Quincey, Henry Newbolt, las Baladas, Blake, la Baronesa Orczy, Marlowe, Chums, los imaginistas, la Biblia, Poe, Keats, Lawrence, los Anónimos y Shakespeare.



Giuseppe Ungaretti

Distante
Versa, 15 Febrero 1917
Distante en una tierra distante
como a un hombre ciego
ellos me han abandonado

Soldados
Se está como
en otoño
sobre los árboles
las hojas.

Una paloma
De otros diluvios 
una paloma
escucho.
  
Dormir
Quisiera parecerme
a este lugar
echado
en su camisa de nieve

Mañana
Me ilumino
de infinito

Silencio estrellado
Y los árboles y la noche
No se mueven ya
Sino por los nidos.

Yannis Ritsos

A mí -dice me coges...                         
A mí -dice- me coges.
A mí me encierras
me matas.
¿Puedes coger aquel pájaro?
¿Puedes matar
el aire que escondo
entre mis uñas?


Alejamiento
Desapareció al fondo de la calle.
La luna había salido ya.
Un pájaro sonó entre los árboles.
Una historia corriente, simple.
Nadie había notado nada.
Entre las dos farolas,
un gran charco de sangre.

¿De verdad? ¿Has recibido carta?
¿De verdad? ¿Has recibido carta?
Rómpela
luego la recogeremos
trocito a trocito
la pegaremos
y la leeremos.
¿Escuchas los disparos?

El guante que llevas...
El guante que llevas
no puedes examinarlo
por dentro.
Tienes que quitártelo
volverlo del revés
entrada la noche
en la estrecha habitación
ya que todo el día habrás saludado
a propios y extraños
con la mano desnuda.

En el espejo...
En el espejo
en su esquina derecha
encima de la mesa amarilla
dejó las llaves.
Tómalas. No abre el cristal.
No abre.

El sospechoso
Cerró la puerta con llave. Miró hacia atrás con desconfianza
y se guardó la llave en el bolsillo. Le detuvieron en esa postura.
Le maltrataron durante meses. Hasta que una noche confesó
(y quedó demostrado) que la llave y la casa
eran suyas. Pero nadie pudo entender
por qué había escondido su llave. De modo que
a pesar de habérsele declarado inocente, siguió siendo
sospechoso para todos.

Hugo Mujica

Bajo los techos
Bajo los techos
se oyen respirar los sueños en el callar de la noche; 
en la calle 
un niño,
sin sombra ni rumbo, 
recorre el vacío de dios, paso a paso
desanda su esperanza.


35.
Un ciego buscando con sus manos
sus manos sobre el espejo:
me he mirado en muchas pupilas
pero sólo me nazco de espalda a mis ojos

Horizonte
Es la hora más lenta,
es crepúsculo
y un par de relámpagos
destellan un horizonte.

Descalzo, sobre la arena

tibia,
un niño corre tratando
de atrapar gaviotas.

En la noche,
la lluvia borrará las huellas,
iniciará un desierto,regalará el olvido.


Trazos
la luna traza treguas en las noches, 

bordes
entre una sombra y otra sombra, 

bajo su luz, un perro 
apedreado 
sangra un reguero, 
traza una profecía. 

abajo, o adentro de la noche, 
un ciego camina
leyendo 
con sus manos el vacío en cada grieta, 

palabra a palabra 
avanza hacia el final, vacío a vacío 
descifra todo destino. 

Lluvia sobre la lluvia
Al fondo,
sobre una mesa, debajo de
un árbol desnudo,
una taza
desborda la lluvia.

Desborda, cae, y dibuja un charco,
un espejo, una vida.

Horacio Benavides

El reloj
El reloj
es un pájaro
disecado vivo

Un pájaro
que picotea
y picotea
el tiempo
sin romperlo

El reloj
es un dios caído
y torturado



El cerdo
El cerdo entra en el poema
como una ofensa
pero nadie sabe
que el cerdo también reza

Al final del verano
cuando las golondrinas
arrastran el paracaídas
de la lluvia
el cerdo se sale de sí:

da vueltas salta grita
aplaude el universo

Murciélago
Bébete la noche
extensión de gracia
para la feliz letanía
de tus alas

Sobrevuela la bestia dormida
abanícala con tus párpados
lame en su lomo la linfa
el palpitante ojo del agua

Y ármate contra el mundo
mendigo dios de la dicha
que ya viene el día

Jorge Boccanera

Apuntes
y te recuerdo madre 
como cuando la única luz era tu sombra

Ensayo breve sobre la honestidad poética
no es que los poetas mientan 
es que los mentirosos 
quieren hacer poesía

Comentarios 
dos niños que se miran 
interrumpen el mundo

Del oficio de la poesía
Hay que incendiar a la poesía
y cantar luego
con las cenizas útiles

Gustavo Adolfo Garcés

Infancia
La infancia
regresa en silencio
siento que me aprietan
las manos de mi padre

Los esqueletos
Al parecer
los esqueletos
se arman con huesos
de gente muy pobre
personas que nunca tuvieron
dónde caerse muertas

Mediodía
En lo alto del andamio
almuerza el albañil
el viento agita los tablones
y quién sabe qué cosa
excita el apetito de los gallinazos
que parecen más bien almas de Dios
ángeles negros cuidando a su muchacho

Blanco
El blanco lo aprendí
de las enaguas

Elegía
¿No es el viento
José Manuel
el que juega
con el viento?

Abuelo
En las noches
por el ruido
de tu respiración
te sabíamos
presa de fantasmas
     pero los mediodías
te llegaban
con un calor dulce
y dormías como un ángel
     con quién sueñas
Francisco
ahora que llevas
tantos días de siesta

Habitación
De no ser por el televisor
todo sería sigilo
y silencio
     las imágenes del noticiero
se repiten en la jarra de agua

***
La antena que trae
las noticias de la guerra
está llena de pájaros

Juan Manuel Roca

Epigrama del Poder
Con corona de nieve bajo el sol
cruzan los reyes.

Mery Yolanda Sánchez

Miedo
Sentir por las piernas
la respiración
del compañero desaparecido.

Jorge Cadavid

Álgebra 
La mosca en la red de la araña 
intenta resolver la ecuación 
despejar la incógnita 
entre esta álgebra transparente 
La mosca improvisa una métrica 
perfecciona hasta la filigrana el nudo 
inventa paso a paso el error 

Fábula 
Las hormigas han hecho camino 
por entre las letras 
Oigo su marcha segura 
por los renglones 
Cada una carga su sílaba 
y la deposita en el espacio 
vacío de la página 
No entiendo qué hace aquella solitaria 
lejos del camino 
con una palabra diez veces 
más grande que ella 
sobre su espalda 

Mímesis 
Las cosas habitadas 
por las palabras 
Basta nombrarlas 
para verlas moverse.

Blanca Varela

A rose is a rose
inmóvil devora luz
se abre obscenamente roja
es la detestable perfección
de lo efímero
infesta la poesía
con su arcaico perfume

Ejercicios

I
Un poema
como una gran batalla
me arroja en esta arena
sin más enemigo que yo
       yo
y el gran aire de las palabras

II
miente la nube
la luz miente
los ojos
los engañados de siempre
no se cansan de tanta fábula

III
terco azul
ignorancia de estar en la ajena pupila
como dios en la nada

IV
pienso en alas de fuego en música
pero no
no es eso lo que temo
sino el torvo juicio de la luz

CRISTINA PERI ROSSI
Bitácora
No conoce el arte de la navegación
quien no ha bogado en el vientre
de una mujer, remado en ella,
naufragado
y sobrevivido en una de sus playas.

Anna Ajmátova

El oro se oxida, el acero se pudre, 
el mármol se desmorona. Todo está listo 
para la muerte. 

Lo más firme sobre la tierra
-la tristeza-
es una palabra magnífica.

Jesús Aguado

Definición de la tristeza 
Definición de la tristeza:

Los árboles no comen de mi mano
como las palomas. 


José Asunción Silva

Vejeces
Las cosas viejas, tristes, desteñidas,
sin voz y sin color, saben secretos
de las épocas muertas, de las vidas
que ya nadie conserva en la memoria,
y a veces a los hombres, cuando inquietos
las miran y las palpan, con extrañas
voces de agonizante dicen, paso,
casi al oído, alguna rara historia
que tiene oscuridad de telarañas,
son de laúd, y suavidad de raso.¡Colores de anticuada miniatura,
hoy, de algún mueble en el cajón, dormida;
cincelado puñal; carta borrosa,
tabla en que se deshace la pintura
por el tiempo y el polvo ennegrecida;
histórico blasón, donde se pierde
la divisa latina, presuntuosa,
medio borrada por el liquen verde;
misales de las viejas sacristías;
de otros siglos fantásticos espejos
que en el azogue de las lunas frías
guardáis de lo pasado los reflejos;
arca, en un tiempo de ducados llena,
crucifijo que tanto moribundo,
humedeció con lágrimas de pena
y besó con amor grave y profundo;
negro sillón de Córdoba; alacena
que guardaba un tesoro peregrino
y donde anida la polilla sola;
sortija que adornaste el dedo fino
de algún hidalgo de espadín y gola;
mayúsculas del viejo pergamino;
batista tenue que a vainilla hueles;
seda que te deshaces en la trama
confusa de los ricos brocateles;
arpa olvidada que al sonar, te quejas;
barrotes que formáis un monograma
incomprensible en las antiguas rejas,
el vulgo os huye, el soñador os ama
y en vuestra muda sociedad reclama
las confidencias de las cosas viejas!
El pasado perfuma los ensueños
con esencias fantásticas y añejas
y nos lleva a lugares halagüeños
en épocas distantes y mejores,
por eso a los poetas soñadores,
les son dulces, gratísimas y caras,
las crónicas, historias y consejas,
las formas, los estilos, los colores
las sugestiones místicas y raras
y los perfumes de las cosas viejas!

Horacio Benavides 

La casa
Siempre entramos en la casa
Con los ojos cerrados
La casa nos toca de seda
Nos viste de armadura
No hay teléfono
más extenso que el suyo
ni talle más pleno que su luz
De la cama subimos
al aroma del tinto
del tinto por las ramas
al mantel perdido
Una voz nos llama
desde la sangre
es el árbol el que habla
en el centro del patio
Tomamos entonces
El lento ascensor de la sombra
mientras la mano cae
en la forma pura del agua
Tan dulce nos oprime la casa
que la llevamos a cuestas
como la tortuga

Manzana
Vuelta sobre sí
ceñida
separada de todo
y unida a todo
por una luz ligera
en la mesa
la manzana
piedra y aire


Rafael Courtoisie

El café
“Aceite funéreo”,
lo llamó César Vallejo.
Sin embargo el café es una parte de la noche
la parte más despierta, la que se aleja del sueño
la parte tenebrosa.
Leche negra, el café, leche de sombra, alimento 
de monstruos
vino absurdo del otoño 
agua del odio.
Para estar despierto, para vigilar, para matarse
el café.
Líquido negro.
En el alma no hay lugar para la dicha.

Se toma el café, su vigilia erecta
su ronca voz
su corazón negro.
Se toma el café, su eficiencia.
Una taza de café, un pocillo
un sorbo.
Se toma el café. Una dosis.
El café. Un poco.
A la mañana, el grito del café, su grito oscuro
a la mañana,
cuando hay que despertarse
el grito del café 
un gallo líquido.
Su canto negro.

Las naranjas
Putas redondas, pelotas
llenas de hambre sexual, de una luz sometida
sin tiempo, de una vida agridulce
de la pasión idiota
de unos pocos momentos, del amor de un minuto
de la sombra, del sexo de los gajos
de la cáscara.
No se parecen al sol, no son como la luna
se parecen al atardecer, se parecen al viento
cuando sopla sobre las rocas, cuando habla el 
silencio. 
Tienen una virtud: son locas.
La frescura y el dolor se parecen.
Las naranjas dementes no tienen pelo, no tienen voz
no tienen sentimientos.
Las naranjas son frescas, locas y frescas
como el jugo del pensamiento

La cuchara
La cuchara es la fruta más extraña del mundo. No 
se come. Sin embargo se lleva a la boca, tiene cáscara 
y es como la ilusión, dura y violenta.
La cuchara se mete en la sopa y la asusta. Se 
mete en el arroz y lo hiere, se mete en la harina y 
la muerde.
Sin embargo, no tiene dientes.
La cuchara no expresa sus sentimientos, es como 
el corazón de Dios, que está dormido y alegre, que 
no se mueve, que es duro pero se puede tocar, que 
no siente.
La cuchara no siente. El frío y el calor no la molestan. 
Es necesaria sí, para la vida del hombre, pero también es rara.
Tanto, que no tiene temor de las estrellas, ni de las 
moscas, ni del tiempo eterno.
La cuchara vive sin saberlo, entre los otros cubiertos, al lado de los cuchillos filosos y de los tenedores 
ciegos, al lado de las tazas frías y junto a las papas 
violentas. Las cucharas se burlan del aceite.
Las cucharas son mujeres sin cuerpo, mujeres sin 
sentido, mujeres sin tiempo. Herramientas poderosas de un sutil recuerdo, de una mirada fugaz, de la 
voz de los muertos.
Las cucharas llevan la voz de los muertos en el 
té, en el caldo. Las cucharas recuerdan. Y no tienen 
miedo.
Si ves una cuchara, sigue de largo. Piensa en 
la luna que vive feliz y blanca sin cucharas que la 
molesten. 
Una cuchara es como el metal del silencio, dura 
y terrible, sin dueño.

Un huevo
Al romperse amanece.
¿El sol tiene cáscara?
Su piel quebradiza
calcárea, débil
recuerda la palabra
oculta del paraíso.
¿Qué fue primero
la gallina o el huevo?
Adán y Eva
y el huevo, el origen, el pecado
original, envuelto en paños de sombra
en brocados. En terciopelo negro
que se desgarra.

¿Qué fue primero?
¿El sol o los malos?
¿El sol tiene cáscara?
Al golpear el cuerpo del huevo contra un borde duro
–el horizonte de la sartén, la mandíbula sin dientes, 
la quijada curvilínea de la olla–
amanece el sentido
el sol del sentido, la yema
de las palabras.
Al romper un huevo
sale el sol del sentido
el sentido de la cáscara
la luz de la conciencia
el acto de la palabra.

Al romper un huevo se dice algo
el silencio parte su cáscara.
Sale inmenso el sol
del lenguaje.
Al romper un huevo se rompe un astro
y da leche de Dios, sangra un dolor extraño
el dolor de decir, la grieta de la cáscara
rezuma sonido claro.
La albúmina, lengua de la semántica
la pura calma del sol, la mañana
en el plato.

Gustavo Adolfo Garcés

Oración 
En la carreta
que remolca el buey
van las montañas

Jorge Boccanera

Cuchara
Nace del verbo dar,
como si el corazón tuviera mango.
Está hecha de lo que le falta, Jamás
se guarda nada para sí.
Podría medir el mundo, acunarlo, transportar
su misterio, sus campanarios de agua de una orilla
a la otra.
Más humana que un perro.
Más a mano que Dios.

Jorge Luis Borges

Las cosas
El bastón, las monedas, El llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,

un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde

una ilusoria aurora ¡Cuántas cosas,
limas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,

ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido

La luna
A María Kodama
Hay tanta soledad en ese oro.
La luna de las noches no es la luna
que vio el primer Adán. Los largos siglos
de la vigilia humana la han colmado
de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.

Nelson Romero Guzmán
(Ataco, Tolima, en 1962)
De Apuntes para un cuaderno secreto (2011)


CENTINELA
Un gato en mi escritura no me deja escribir. Le lanzo tres versos para espantarlo, pero él los desescribe en perfectos arañazos.
Es más que una escritura negra, llena de pelos, con los ojos del iluminado. Cuando en la casa huele a infierno, es porque el gato ya empieza a escribir, lo sé cuando se ovilla con las palabras que no permitirá que nadie escriba, porque pertenecen al mundo de sus propios misterios. Sabe, más que los críticos, que la escritura es un robo despiadado. Si el gato no se ovillara así, moriría en puros huesos. Alumbraría. En mi escritura el gato es un centinela, se arquea furioso en la puerta del infierno. Sólo aguardo a que el sueño lo venza, es el único instante en que puedo ser yo mismo y no debo malograrlo. Sin hacerle ruido escribo, aunque el gato tiene el poder de soñar con los plagios. Pero esta vez parece que no ha soñado, su mente está en blanco, el blanco más perfecto para la escritura. 
En lo más blanco ronronean estos versos. 


28
Sin escribir escribo,
salto e esta tapia al patio ajeno 
a robar los melones encendidos

robo 
para ser inocente

que Dios se perdone así mismo
si quiere de verdad perdonarme. 

BIBLIOGRAFÍA 


domingo, 20 de septiembre de 2015

CALIBANISMO (Andres Caicedo) 1971



Barbara Kruger (1989). Sin título (Tu cuerpo es un campo de batalla) ¿De quién es tu cuerpo?


Hay varias maneras de comerse a una persona. Empezando porque debe ser diferente comerse a una mujer que comerse a un hombre. Yo he visto comer hombres, pero no mujeres. No sé si me gustaría ver comer a una mujer alguna vez. Debe ser muy diferente. Lo que yo por mi parte conozco, son tres maneras de comerse a un hombre. Se puede partir en seis pedazos a la persona: cabeza, manos y pies. Sé que hay personas que parten a la persona en ocho pedazos, ya que les gusta sacar también las rodillas, el hueco redondo de las rodillas, recubierto con la única porción de carne roja que tiene el ser humano. La otra forma que conozco es comerse a la persona entera, así no más, a mordiscos lentos, comer un día hasta hartarse y meter el cuerpo al refrigerador y sacarlo el otro día para el desayuno, así. Como comerse un mango a mordiscos. Porque yo puedo decir que a mí antes me gustaba muchísimo el mango verde, y después vino esa moda de partir el mango en pedacitos y fue apenas hace como una semana que me vine a dar cuenta que los mangos verdes me habían venido a gustar menos y supe también que era porque me los comía partidos, así que seguí comprándolos enteros, comiéndolos a mordiscos, y me han vuelto a gustar casi tanto como cuando estaba chiquito. Eso mismo debe pasar con los cuerpos. La persona que ya lleva siglos comiéndolos tiene que darse las maneras de variar el plato para no aburrirse, porque si no como hacen.

Yo no sé si ustedes leyeron la otra vez en la prensa que habían encontrado el cuerpo de un coronel retirado, metido en una chuspa de papel y amarrado con cabuya, lo que dijeron fue que lo habían encontrado por el Club Campestre, y que había expectación por el extraño estado en que se había hallado el cuerpo. Era un coronel Rodríguez, un tipo ni flaco ni gordo, de bigotito, y con una chucha que arrasaba. Claro que los periódicos nunca dijeron en qué consistía ese “extraño estado en que se había hallado el cuerpo”, pero como yo estoy al tanto de las cosas yo sé que el cuerpo ese lo que estaba era todo mordido, no se lo acabaron de comer todo porque mi Coronel ya tenía 52, allí fue cuando se dieron cuenta que no había como la carne de gente joven, fresca.

Los ojos, por ejemplo, que dizque son lo más exquisito, dicen que cuando la persona pasa de los 35, se endurecen y se agrían, ya no vale la pena comerlos.

He visto comerse a una persona de muchas maneras, pero lo que no he visto nunca es comerse a una persona viva. A la gente que le gusta comer gente parece que le gusta más comerse a la gente viva, según lo que me han explicado, la carne sabe mucho mejor y eso de que la sangre corra a toda que dizque le da mucho atractivo a la cosa, lo que pasa es que comerse a alguien vivo es naturalmente bastante complicado, de vez en cuando hace que se necesiten cuerdas y clavos y otros elementos, y si los que comen no son más de dos personas, una joven y la otra vieja, hacer tanta violencia se vuelve bastante dificultoso, así que se contentan con comerse a la persona muerta, claro que no hace mucho tiempo, no, recién muerta, y como el alma aunque haya mucha gente que no lo crea siempre le da muchísimo más sabor al cuerpo, pues cuando el alma abandona el cuerpo el cuerpo queda con menos sabor, y la persona que come no se soda tanto como si se estuviera comiendo a una persona viva, pero se contenta, come silenciosamente y se contenta porque de todos modos está llenando la barriga, y puede que hasta piensa en el día que amanezcan de buenas y tenga oportunidad de comerse a alguien vivo, ese día será un gran día y puede que esté cerca, y la persona que come se alegra pensando en eso.

Yo por mi parte hace ya como dos años /¿o más de dos años?/ que estoy viendo comer gente mínimo una vez por semana, y déjenme que les cuente lo que yo siento, bueno, claro que al principio se me descomponía el estómago y ondas así, pero ahora todo eso se me ha endurecido, fíjense, claro que no es que me guste ver como se comen a la gente, sólo que uno ya soporta eso mejor, cuando ya se vuelve cosa de cada sábado uno ya ha clasificado ese hecho entre lo que se hace todas las semanas, entre lo que sería bueno no seguir haciendo pero va a tocar seguir haciendo hasta que se muera uno, hasta que se muera uno Dios sólo sabe cómo, pero ahora ni modo, nos tocó mano, resultó que nosotros salimos escogidos.

Por qué mejor no me dejan que piense en otra cosa. En películas, por ejemplo. No, no me gusta hablar de películas, yo tuve un tiempo en que me la pasaba todo el tiempo hablando de películas, veía a una persona, saludaba un amigo y allí mismo le preguntaba si había visto tal película, que si fue al teatro que si le gustó la onda, y ya la gente me estaba era poniendo apodos, peliculero. Teatrero, cosas así, apodos que no tenían nada que ver conmigo y que la gente también sabía que no tenían nada que ver conmigo, pero me los ponían para distinguirme, para que la gente estuviera avisada que si yo me les acercaba que salieran de mí lo más rápido posible, que me desligaran de una, porque con el Peliculero no se podía hablar, el Teatrero no habla otra cosa sino de cine, y si había una pelada que me gustaba a mí y ella salía corriendo sin siquiera conocerme, porque a la gente de por acá ya no les gusta que uno les hable de cine, yo no sé por qué si se ven mínimo dos películas a la semana, yo no sé, van al cine como locos pero no les gusta que uno les hable de cine. Yo he conocido poquita gente a la que les gusta que uno les hable de cine. La otra vez conocí a Enrique, uno que le dicen El Lobo Feroz, que hasta por cierto estaba medio loco porque una novia que tuvo le salió vampiro o algo así, y Enrique había quedado con la teja corrida de la impresión, y de un momento a otro le dio por hablar de cine, por hablar no, porque le hablaran mejor dicho, hasta se consiguió el teléfono de mi casa y me estaba llamando para que conversáramos de cine, si me invitó como dos veces al Isaacs póngase a ver, pero yo me lo tuve que desligar porque el tipo me cayó bien y a mí no me gusta andar de a mucho con los tipos que me caen bien, no sea que los enrede bien feo con estas amistades peligrosas con las que yo ando. Pero con Enrique me pude echar mis buenas parladas, parlamos del man Corman, de lo que hizo CormanconPoe, de eso que fue como un contrato al que Poe accedió porque no había modo de hacerlo de otra manera. Esas películas que Roger Corman hizo con algunos de los cuentos de Edgar Allan Poe. Esas películas que no tienen nada que ver con Poe, pero que perduran allí y si uno se las repite por quinta vez pues dice por quinta vez que son una belleza, y ahora me acuerdo cuando yo estaba chiquito y que vi el corto de “Los destinos fatales”, me acuerdo que lo dieron en el Cervantes cuando todavía no existía el Cervantes y era un corto de colores y de sangre y de pronto aparecía la cara de Vincent Price y en la otra vista una calvera del tamaño de la cara de Vincent Price llenaba la pantalla, y después era lo mismo con la cara de Peter Lorrey Debra Pager (sic) subiendo las escaleras en “Morella”, esa imagen morada y negra, con esa cara que no podía ser otra cosa sino la maldad pura, la maldad pura con forma de mujer subiendo una escaleras mientras la otra Debra Pager la espera arriba, arriba toda pureza toda belleza y toda candor esperando a su madre que es la maldad pura, y yo apuesto que si Poe ve esta película ahora salta de alegría y se retuerce y llora pasito, sin que nadie se dé cuenta, sin que nadie pueda presenciar sus saltos de alegrías ni sus lloradas pasiticas; cómo hubiera escrito Poe si hubiera conocido el cine, eso es lo que me pregunto yo, qué cosas hubiera escrito, digo, después de la entrada a una sala a la que después de una señal se le apagan las luces y entonces uno entra en ese sueño, en ese viaje colectivo de búsqueda de recuerdos que es el cine, qué es eso de que ya nadie habla, qué es eso de que si alguien habla todo el mundo dicho chito y si la persona no obedece el chito pues todo el mundo se le va encima y si al otro día la policía viene e investiga y el administrador del teatro le explica cómo fue la cosa, el policía entiende y no se puede llevar a nadie a la cárcel, pero por qué si al tipo ese se le fueron encima porque no se quiso callar después de que le dijeron chito, le dijeron chito porque la gente quería seguir viendo a Vincent Price convertirse primero en cera, después en cartón y después en vómito. Puro y simple vómito. El Sr. Valdemar se convirtió en vómito después de haber estado años deteniendo a la muerte, a la muerte que al final tiene que triunfar. “Una masa casi líquida de repugnante podredumbre”. Escribió Poe. Pero Corman lo volvió vómito, y fue la primera película en la historia del cine en donde un ser humano se vuelve vómito, vómito que no tiene nada que ver con Poe, ni además ese tecnicolor, que tampoco tiene nada que ver con Poe, pero Corman lo hizo, puso el nombre de Poe en más de siete películas, y la American International se encargó de pasearlas por debajo de cuerda por todos los cines del mundo y cuando ya Poe no le dé más a Corman pues Corman se olvida de Poe y no ha pasado nada, es bueno volver a leerlo pero nada más, ya mi trabajo con usted quedó concluido y todo el mundo muy contento. Claro que después viene otro hombre y por allí pasa algunas noches en vela después de haber leído ciertos cuentos y entonces empieza a tramitar derechos de adaptación, entonces tendremos el gusto de ver nuevas cosas de Poe en la pantalla, en nuestros sueños, y tendremos el gusto de verlas cuantas veces podamos y ojalá que no cobren $ 8,80 por entrar a verlas, y si por si acaso yo viajo al Asturias y afuera hay como dos hembras que están esperando quien las entre al cine, si hacen todo lo que uno quiera con tal de que las entren al cine, pues entonces yo escojo la más chévere y me la entro, y cuando estemos sentados en las primeras filas y ella me empieza a meter los dedos en la bragueta, si yo puedo le cuento cosas, le hablo un poquito de Edgar para que ella coja más la onda, y así y todo vemos la nueva adaptación que hace Fellini y Robert Wise, eso no se sabe. Cualquier persona. Cualquier persona puede hacerlo. El cine no es sino problema de tener cojones.

Esto fue lo que yo hablé con El Lobo Feroz antes de que no volviera a verlo. La última vez que me lo encontré andaba con un sombrero blanco de tejano, y me vio pero no me saludó ni nada. Yo creo que ya está loco. Mucha gente se está enloqueciendo en estos días aquí en esta ciudad. Lo que pasa es que estamos pasando días difíciles, eso es lo que yo le digo a la gente apenas puedo. Pero que no se pongan muy moscas que las cosas tienen que cambiar, eso es lo que les digo mano, que las cosas cambian.

Ya que estaba hablando de cierta onda de cine y que por allí mencioné el Asturias déjenme que les cuente de María, la pelada esa que yo conocí cuando estaba en cuarto de bachillerato y tenía catorce años y estudiaba en el San Luis pero todavía no conocía a Antífona. María tenía como 13 años, los senos como dos limoncitos y la cara sucia de carbón, de banano, de huevo duro, de barro, de cualquier cosa. Acerca de esto yo conversaba con María después de las películas y le decía ¿María tú te has mirado alguna vez en un espejo cierto? Y ella me decía que sí, que se había mirado en un espejo. 
Entonces yo le decía María y también has visto que te mantenés con la cara sucia siempre, ¿sí o no María? Y ella me decía sí me he dado cuenta que me mantengo con la cara sucia, ni que uno fuera qué, pero es que entonces cómo hace uno pa que no le peguen, me decía María, si a uno lo ven con la cara sucia ninguno de esos señores le pegan a uno. Entonces ¿qué les hacen? Le preguntaba yo después, y María me contestaba: nos dan una limosna, eso es mejor que pegarle a uno.

Pero después, me decía María, cuando ya uno esté vieja y no le inspire nada a nadie, inclusive cuando ya deje uno de ser niña, las cosas van a cambiar, de eso estoy seguro mano, ya no va a valer de nada andar con cara sucia. Le van a pegar a uno de todos modos. En una época que se nos está viniendo encima.

La primera vez que yo fui al Asturias conocí a María. Miacuerdo que fue una vez que me volé de clase de Anatomía y por allí derecho miacuerdo del viejo Pegaso que daba clase de anatomía, el Pegaso gordo, cabeziblanco, viejo, y esa misma tarde María mirándome al lado de la taquilla del Asturias y cuando compro la boleta la hembra con esos senos como limoncitos se me acerca y me dicen ¿papito entramos? A mí por esa época era primera vez que me decían papito, mano, y claro que oigo eso y miro para todos lados pero sin dejar de mirar esos senos como limoncitos y le digo sí claro cómo no entremos y ella me dice entramos ¿sí? Y yo le digo si claro cómo no entremos y ella me mira a los ojos y me dice bueno y mirándome como bien abajo, como por la barriga o más abajo creo yo, me dice bueno, entremos y yo le digo sí claro cómo no entremos. Bueno, ¿y la boleta? Me dice ella. Ah claro cómo no la boleta.

Y voy y compro otra boleta y entro con María a ver “¡Viva María!” y la segunda de James Bond.

María era una niña de ojos pequeños y cejas muy arriba de los ojos, y la primera película que vio fue “Retaguardia” que la vio cuando tenía dos años. Cuando entró conmigo por primera vez nos hicimos en la segunda fila en el lado izquierdo, con ella fue que yo aprendí que el cine se tiene que ver de bien cerquita y desde el lado izquierdo. Cuando entramos estaban en los cortos, esa tanda de cortos que dan en el Asturias: todas las películas que van a dar en la semana. Dan de a dos películas diarias de lunes a viernes y un solo doble sábados y domingos, y no hay que olvidarse que los domingos hay matinal por la mañana, o sea que si uno va un lunes pues le tiran 12 cortos. Y cómo le gustaban los cortos a María, me dijo papito qué quiere que hagamos cuando estaban dando el corto de “Prófugo de su pasado” y yo le digo no sé mamita usted verá, como por tirar conocimiento y tal, y ella se me recostó en el hombro como con qué delicia y me dijo papito tan lindo y yo le volví a decir mamita pero a lo mejor ella ni me oiría porque estaba bien apretada a mí y bajándome una mano por la barriga y sintiendo bien cómo la barriga se le llenaba de montañitas, qué rico papito, decía ella cuando tocaba mis montañitas, ¿venimos el miércoles a ver “Prófugo de su pasado”? Me preguntó, y yo le dije claro mamita venimos, claro que iba a venir, claro que lo del examen de geometría lo arreglaba de cualquier manera, yo no sé, pero el miércoles venía a verme acá con ella, no todo el mundo tiene la suerte de aprender todas las cosas importantes de la vida al lado de una pelada que le explica a uno mientras uno ve cine de lo más fresco, díganme que más se puede pedir. Tener una pelada al lado mientras se ve cine. No hay nada mejor, eso es lo único.

Con María vi “Prófugo de su pasado”, vi “La última carreta”, “El jardín del mal”, “Pistoleros al atardecer”, “Pasto de sangre”, “Motín a bordo”, “Cantando en la lluvia”, “Río Bravo”, “El infierno es para los héroes”, “Obsesión de venganza”, “El gran vals”, “Sangre y arena”, “Demetrio el gladiador”, “El cazador de la frontera”, todas esas cosas que ya no se ven más, y ahora, cuando me despierto, cuando abro los ojos y soy consciente de que otro día empieza con Antífona, yo me quedo como dos horas acordándome de todo lo que vi en esos tiempos, y si se me para por Lee Remick y si esa angustia se me deposita en el esternón desde temprano y no me deja hasta que se acabe el día, esa angustia me jode es por Richard Widmark todo jodido y viejo, y yo viéndolo desde acá, desde la oscuridad eterna al lado de María que agacha la cabeza bastante y me lambe el ombligo y me dice qué siente papito y yo le digo muchas cosas María siento muchas cosas, y cuando la película se acababa ella me apretaba la mano y me hacía prometer que nunca la iba a olvidar, que si algún día yo dejaba de venir ella me iba a esperar a la puerta del Asturias hasta cuando yo viniera y que si dejaba de ir dos días ella me esperaba al otro día, hasta que yo viniera porque tenía que venir, yo tenía que ir y saludarla y comprarle la boleta y si yo no tenía plata ella conseguiría papito, para que los dos entráramos al cine, para que conversáramos sobre Liz Taylor y sobre Ava Gardner, tiene la boca igualitica a la de María ahora que miacuerdo.

María ahora debe tener 15 años. Yo no le he preguntado a nadie de los que van al Asturias, pero sé que todavía debe estar allá. Claro que ya no me espera. Claro que ya se ha dado cuenta que yo no voy a volver, claro. Pero ni más tonta que fuera, ella no deja de ver cine. Hace diez años que va y se para todos los días al lado de la taquilla del Asturias, allí de bien cerca para que uno pueda verla apenas compra la boleta ¿cómo estará ahora tendrá la cara sucia? Yo no sé. Yo sólo sé que todavía está diciendo ¿papito entramos? Y sé también que todavía la entran. Y que es feliz, aunque yo no haya vuelto por ella. Ella es feliz viendo cine y va a durar siglos con esa felicidad mano, quién no.

Ahora cuando yo me despierto y me baño y desayuno y he visto y salgo por allí a andar, a encontrarme con la gente, cuando recorro la Sexta una y otra vez buscando gente y después paso al Colombo, al Conservatorio, al Berchmans, a todos esos sitios, subo al Club Campestre si alguien me invita y me quedo por allá un sábado completo o si es día de semana me voy a las dos y media al San Luis a esperar a que salga la gente y para que me hablen del colegio, de que van perdiendo materias, del último profesor que resultó cacorro, de todo eso, y ahora que mis días han cambiado, han cogido nuevos rumbos, ahora que yo pertenezco únicamente a una persona y para ella es que están mis días, pero aun así hay momentos en los que miacuerdo de todo eso, de lo que hacíamos ¿se acuerdan? De cuando fuimos a la finca de Miguel Angel hace tres años y los tres días que pasamos con Florencia, con Martica, de cuando salíamos bien temprano al Río y si uno ya tenía novia pues llevaba a la novia en ancas y hacía correr el caballo para que ella chillara y se asustara y se prendiera de uno duro, sentir las manos de ella así de suaves en la barriga de uno. Y después la llegada al Río, la desvestida, las mujeres debajo del chiminango, los hombres en el potrero del otro lado. Y no se bañara en el Charco si el Charco estaba vacío y si había gente pues tocaba buscar otro charco porque uno nunca fue como los de San Fernando, Marquetalia y tal, que si no encontraban el Charco vacío se agarraban por el Charco, si les contara que por ondas así hubo varios muertos. Hace como quince días me fui solo una mañana, fui a coger el bus a Santa Rosa y en el bus me encontré con Corredor que no iba para el Charco sino pal Puente, y que venía todo torcido, y me bajé en el Asombro caminé solo hasta el Charco y en la mitad del camino me quité la camisa y hacía tiempos que no me quemaba y era bueno el sol. Pero ya no queda ni el untado de lo que era el Charco. Claro que la gente se sigue bañando y todavía le dicen Charco, pero ya la corriente cogió por otro lado o es que el Pance se está secando, yo creo que es más bien eso. Ya uno no puede clavar del barranco ni bucear por debajo de las rocas. El agua a duras penas le llega al ombligo. Cuando yo fui había unos pelados de por las fincas de por allí, tal vez del Berchmans, que jugaban fútbol y después del primer tiempo se venían y se bañaban en lo que queda del Charco.

Miren yo les mentí cuando les dije que había visto comer gente todas las semanas. Miren, es mentira. Sólo he visto comer a una persona, el 6 de febrero de 1970. Me tocó verla porque la cosa fue de afán. Se la comieron a mordiscos. Era Alberto Ruiz, el muchacho ese que iba tanto a fiestas. Ese que un día se dio bala con unos policías en el Estanco en una borrachera y no lo mataron. Yo sólo he visto comer a ese, a ninguno más. Ahora sí no les estoy mintiendo. Mentir no es bueno.

domingo, 9 de agosto de 2015

Taller de poesía etílica: alcohol, escritura y tradición literaria

Poesía etílica y tradición literaria: alcohol y escritura
Los borrachos-James Ensor


Poemas Etílicos
Prohíbase el expendio de bebidas embriagantes a menores de edad. «Ley 124 de 1994.
El exceso de alcohol es perjudicial para la salud». Ley 30 de 1986.




ESCRITORES Y ALCOHOLES
José Luis Díaz Granados


Parece que al fin los biógrafos de Shakespeare han terminado por ponerse de acuerdo en que el poeta murió a causa de una intoxicación etílica a la temprana edad de 51 años. Aquel 23 de abril de 1616 —por coincidencia, el mismo día, mes y año en que moría Cervantes—, los vecinos comentaban que durante la noche anterior el autor de Romeo y Julieta “había bebido demasiado vino”.
El que un autor literario haya sido de manera predominante consumidor de vegetales, de café o de drogas heroicas puede constituir algo sencillamente anecdótico: Balzac bebía 50 tazas de café negro al día (o mejor, durante la madrugada) y solo así se sentía estimulado para escribir. George Bernard Shaw solo comía vegetales sin haber probado jamás la carne ni el alcohol.
Y la mayoría de los novelistas del movimiento “beatnik” probaron la marihuana, la cocaína y el LSD. Pero que un escritor sea (o haya sido) un dipsómano impenitente parece ser casi un ritual paralelo al de su amor por las palabras.

No existe una razón lógica para creerlo. Incluso alcohólicos tan reconocidos como Hemingway, Karen Blixen o John Steinbeck aconsejaban no escribir jamás bajo los efectos etílicos. Sin embargo, no son pocos los textos y los libros en los que especialistas han intentado hallarle una explicación racional a esta extraña relación entre la creación literaria y la adicción al alcohol.

Precisamente Hemingway —quien en La Habana hizo famosos los eslóganes: “Mi mojito en La Bodeguita; mi daiquiri en El Floridita”—, podía beber en un solo día buenos tragos de vodka, ron y vino, al tiempo que ponderaba las “virtudes medicinales de la ginebra”.

Un día, escribiendo en un café de París, sintió sed. “Pedí un ron Saint James —recordó en sus memorias—. Con aquel frío me supo a gloria, y seguí escribiendo, sintiéndome muy bien y sintiendo que el buen ron de la Martinica me calentaba el cuerpo y el espíritu”.

William Faulkner —quien al igual que el noruego Knut Hamsum recibió el Premio Nobel de manos del rey de Suecia en lamentable estado de embriaguez— afirmaba que para escribir solo se necesitaba un sitio acogedor, una mesa con una resma de papel, lápices y una botella de whisky. “¿Bourbon?”, le preguntó el periodista refiriéndose al ron ordinario de Nueva Orleáns. No, respondió el novelista, no soy tan melindroso”.

Las borracheras de James Joyce eran tan famosas en su exilio continental que no hay cronista de la “Generación Perdida” que no las registre. Su pobre mujer, Nora Barnacle, lidiaba con paciencia aquellas rascas de vino electrizante de Trieste, o del “Fendant de Sion” de Zurich, que según Joyce sabía a “mineral metálico”. Según José María Valverde, “el alcohol y las reiteradas infecciones dentarias comenzaron a dañar los ojos de Joyce”.

Zelda, la conflictiva mujer de Francis Scott Fitzgerald, sentía celos de la literatura. Apenas el autor de El gran Gatsby se sentaba a escribir algunos párrafos de su nueva novela, ella lo arrastraba a una nueva borrachera hasta que él perdía el conocimiento luego de pelear y hacer las paces. Al otro día, trataba de curar la resaca sudando alcohol en largas caminatas con Hemingway para luego volver a intentar nuevos párrafos frente a su máquina.

Beodo hasta el “delirium tremens” fue el desdichado y fascinante Edgar Allan Poe, al igual que Paul Verlaine, borracho feroz que casi mata con arma de fuego a su madre viuda, a su esposa y a su luciferino compañero Arthur Rimbaud. Pero el colmo del descaro lo llevó a cabo Truman Capote, el impecable narrador de A sangre fría, cuando ante 75 millones de televidentes declaró tartamudeando por la embriaguez: “Soy marica, borracho y chismoso. Pero soy un genio”.

El genial poeta galés Dylan Thomas, después de haber asombrado al mundo literario anglosajón con su Retrato del artista cachorro, realizó cuatro giras triunfales por los Estados Unidos, al término de las cuales murió luego de haber ingerido alcohol sin parar durante un mes. Tenía 39 años.

Un novelista olvidado, Halldor Kiljan Laxness, autor de Las campanas de Islandia, respondió a la pregunta de los reporteros acerca de lo que pensaba hacer con la fortuna obtenida con el Premio Nobel de Literatura en 1955: “Me la voy a beber”. Lo que sin duda hizo, al igual que sus antecesores en el galardón: Sir Winston Churchill, dipsómano archiconocido, los ya citados Faulkner y Hemingway, el existencialista sueco Pär Lagerkvist y el controvertido André Gide.

El poeta colombiano León de Greiff, célebre por su cotidiana tertulia literaria del café “Automático” de Bogotá, con Jorge Zalamea, Arturo Camacho Ramírez, Juan Lozano y Lozano, Jorge Artel y Luis Vidales, entre otros, celebró en sus versos las delicias extrañas del kirsh, el korn, el vodka, el aguardiente, el cognac, la chicha y el mezcal. Pero también decía: “Bebamos en las cráteras de oro / que modeló el cincel benvenutino, / champán bullente y bullicioso vino”.

Y no son pocos los poemas de De Greiff y de muchos otros poetas en los cuales se evoca al gran idólatra del vino Omar Khayyam, quien a su vez exaltó los dones y frutos de la bebida como símbolos de alegría vital y de optimismo.

En fin, la lista de los escritores dipsómanos sería interminable y agotadora —Rulfo bebiendo pulque en las tiendas del D. F.; Miguel Ángel Asturias rescatado del guaro por una bella argentina; Onetti repleto de whisky mientras garrapateaba noticias en una agencia de prensa, “y el indio Darío borracho”—, pero haría válida la afirmación del poeta Juan Manuel Roca cuando se estaba proyectando la Casa de Poesía Silva en Bogotá:

—Aquí se debe exhibir la pluma de José Asunción Silva, la estilográfica de Guillermo Valencia, la pipa de León de Greiff, la máquina de escribir de Aurelio Arturo, el cacho de marihuana de Barba Jacob— ¡y la botella de todos!


Li Po
(Li Bai)

(701-762) Fue un poeta chino considerado el mayor poeta romántico de la dinastía Tang. El carácter 白, pronunciado bái en mandarín moderno, tenía en el pasado una pronunciación alternativa bó, motivo por el cual su nombre se transcribía antiguamente como Li Po, representación según el sistema Wade-Giles de esta pronunciación obsoleta.



MIENTRAS BEBO SOLO A LA LUZ DE LA LUNA 

Un vaso de vino entre las flores:
Bebo solo, sin amigo que me acompañe-
Levanto el vaso e invito a la luna:
Con ella y con mi sombra seremos tres.
Pero la luna no acostumbra a beber vino,
Y mi perezosa sombra solo sabe seguirme.
Festejemos con mi amiga Luna y mi sombra esclava
Mientras aún es primavera.
En las canciones que entono vibran rayos lunares;
en la danza que ensayo, mi sombra se aferra y deshace.
Los tres juntos, antes de beber, holgábamos;
ahora, ebrios, cada cual va por su lado,
¡Regocijémonos muchas horas todavía,
en nuestro festín inanimado,
¡Para encontrarnos al fin en el Río de las nubes!



Charles Baudelaire

Charles Pierre Baudelaire (9 de abril de 1821-31 de agosto de 1867) fue un poeta, crítico de arte y traductor francés. Paul Verlaine lo incluyó entre los poetas malditos, debido a su vida bohemia y de excesos, y a la visión del mal que impregna su obra. Barbey d’Aurevilly, periodista y escritor francés, dijo de él que fue el Dante de una época decadente. Fue el poeta de mayor impacto en el simbolismo francés.

EL ALMA DEL VINO

Cantó una noche el alma del vino en las botellas:
«¡Hombre, elevo hacia ti, caro desesperado,
Desde mi vítrea cárcel y mis lacres bermejos,
Un cántico fraterno y colmado de luz!»

Sé cómo es necesario, en la ardiente colina,
Penar y sudar bajo un sol abrasador,
Para engendrar mi vida y para darme el alma;
Mas no seré contigo ingrato o criminal.


Disfruto de un placer inmenso cuando caigo
En la boca del hombre al que agota el trabajo,
y su cálido pecho es dulce sepultura
Que me complace más que mis frescas bodegas.

¿Escuchas resonar los cantos del domingo
y gorjear la esperanza de mi jadeante seno?
De codos en la mesa y con desnudos brazos
Cantarás mis loores y feliz te hallarás;

Encenderé los ojos de tu mujer dichosa;
Devolveré a tu hijo su fuerza y sus colores,
Siendo para ese frágil atleta de la vida,
El aceite que pule del luchador los músculos.

Y he de caer en ti, vegetal ambrosía,
Raro grano que arroja el sembrador eterno,
Porque de nuestro amor nazca la poesía
Que hacia Dios se alzará como una rara flor!»


EL VINO DE LOS AMANTES

¡Hoy el espacio es fabuloso!
Sin freno, espuelas o brida,
Partamos a lomos del vino
¡A un cielo divino y mágico!

Cual dos torturados ángeles
Por calentura implacable,
En el cristal matutino
Sigamos el espejismo.

Meciéndonos sobre el ala
De la inteligente tromba
En un delirio común,

Hermana, que nadas próxima,
Huiremos sin descanso
Al paraíso de mis sueños.



Fiódor sologub

nació con el nombre de Fiódor Kuzmích Tetérnikov (1 de marzo de 1863 - 5 de diciembre de 1927).Poeta y novelista ruso, uno de los escritores más importantes del simbolismo ruso.

EL POETA BORRACHO

Debo vivir así con locura y desmesura,
Pasar los días escribiendo y las noches en la cantina.
Encontrar el alba silenciosa, melancólica e impetuosamente 
Y escribir versos sobre la muerte y la tristeza. 

Debo vivir así. Yo mismo he elegido 
Quemar este barco: destino doloroso
Mientras doy alaridos en el timón. Di muerte al albedrío
Y ahogué en la desesperanza todos los deleites, todos.



Luis Vidales

(Calarcá, 1900 - Bogotá, 1990) Poeta colombiano, autor de Suenan timbres (1926), el mejor y casi único poemario vanguardista en Colombia, cuya índole innovadora se manifiesta en la ruptura con los esquematismos y en la búsqueda de nuevas formas expresivas de la sensibilidad contemporánea.

EN EL CAFÉ

El piano
que gruñe metido en un rincón
le muestra la dentadura
a los que les pasan junto.
La bomba eléctrica
evoluciona su luz
en el espejismo de mis uñas
y desde la mesa
Dónde una copita
vacía
finje
burbuja
de aire
solo —a grandes sorbos-
bebo música.
En neblinas de vapor
van pasando ante mis ojos
los sopores de Asia…
Siento que anda por mi sangre
el espíritu de las uvas
del Mediodía…
y cuando los alambiques de la orquesta
dejan de filtrar
el alma ebria
—Que le da por tornasolarse
en el azul de los sueños-
se interna por la callejuela tortuosa
de un cuadrito
colgado a la pared.


LA MÚSICA

En el rincón
oscuro del café
la orquesta
es un extraño surtidor.
La música se riega
sobre las cabelleras.
Pasa largamente
por la nuca
de los borrachos dormidos.
Recorre las aristas de los cuadros
ambula por las patas
de los asientos
y de las mesas
y gesticulante
y quebrada
va pasando a rachas
por el aire turbio.
En mi plato
sube por el pastel desamparado
y lo recorre
¿Cómo lo recorrería
una mosca.
Intensamente
da vueltas en un botón
de mi d'orsey.
Luego —desbordada—
se expande en el ambiente.
Entonces todo es más amplio
y como sin orillas…
Por fin
desciende la marea
y quedan
cada vez más lejanas
más lejanas
unas islas de temblor
en el aire.


EL ALCOHOL 

Alcohol.
Espíritu.
Vas siempre en fuga.
Loco, loco.
Desequilibrista.
No eres de nuestro planeta.
¿Que forma tienes?
¿Cuándo te incorporas
eres llama azul
—Inquieto—
y casi tocas el timbre
de nuestra vida animal.
Pero luego te vas
y no sabe nuestra incertidumbre
Sí, esa es tu forma
o si eres voluta
o si viajas en círculos
o si pasas en zig-zags por nuestra vida.
Alcohol.
Bajo tu influjo
dentro nos tambalea la vida
afuera
todas las cosas nos desconocen
y ante nuestros ojos
la calle
-ese reptil inmóvil-
empieza entonces a deslizarse
y los poetas nos huyen
y las casas en fuga
comienzan a desocupar la ciudad.
Alcohol.
Voy a hacerte una ofrenda.
No es muy pobre mi ofrenda.
Te doy para siempre
para toda la vida
el par de muletas del equilibrio.  



Malcom Lowry 

(Cheshire, 1909-Sussex, 1957), hijo rebelde de una familia acomodada, estudió filosofía en Cambridge. Novelista y poeta, su vida itinerante —viajó como marinero por Extremo Oriente, residió en México, Hollywood, la Columbia Británica e Italia— estuvo marcada por el alcoholismo y por numerosos accidentes y pérdidas de manuscritos. Bajo el volcán, obra que Lowry reescribió cinco veces y a la que dedicó diez años, se ha convertido ya en una novela clásica de la literatura contemporánea universal. 


ORACIÓN PARA BORRACHOS

Dios da bebida a esos borrachos que se despiertan al amanecer
Farfullando sobre las rodillas de Belcebú, totalmente destrozados,
Cuando una vez más espían a través de las ventanas
Acechando, el terrible puente cortado del día.


SIN EL DRAGÓN NOCTURNO

Ideas de libertad están atadas a la bebida. Nuestro ideal de vida contiene una taberna.
Donde un hombre puede sentarse y hablar o solo pensar,
Sin ningún miedo al dragón nocturno;
O bien otra taberna donde no aparecen
Letreros de No se fía ni de No hay crédito
Y, dejando aparte las ilimitadas cervezas,
Nos sentamos tranquilamente, borrachos y locos, a editar
Panfletos de un país realmente mejor donde un hombre
Puede beber un vino más delicado. ¡Ah!, no destilado.
Que intoxica sutilmente sin dolor,
Tejiendo la visión de una taberna inasimilable
Donde siempre podemos beber sin pagar
Con la puerta abierta y el viento soplando.


LOS BORRACHOS

El ruido de la muerte aquí en este bar desolado,
Donde la tranquilidad se sienta encorvada sobre su oración
Y la música sirve de concha al sueño del amante,
Pero cuando ninguna moneda introduce esta dura desesperación
Hasta aquí, el más solitario de los hogares
Y de todos los destinos, el más solitario, además,
Cuando ninguna música eléctrica rompe el batir
De corazones doblemente rotos, pero ahora reunidos
Por el cirujano de paz en la astilla del desastre,
Penetra más profundamente que lo hicieran las trompetas
El movimiento de la mente dentro de ese entramado
Donde el desórdenes son simples como la tumba
Y la araña de la vida se asienta, duerme.


SIN COMPAÑÍA EXCEPTO EL MIEDO

Cómo empezó todo esto y por qué estoy aquí
en esta barra arqueada con la pintura marrón descascarillada,
papegaai, mescal, hennessy, cerveza,
dos viscosas escupideras, sin compañía excepto el miedo:
miedo de la luz, de la primavera, del lamento
de aves y autobuses volando a sitios lejanos,
y de los estudiantes yendo a las carreras,
de chicas brincando con el aire en sus rostros,
pero sin compañía excepto el miedo,
miedo de la fuente volando: y todas las flores
que conocen el sol son mis enemigos,
¿Estas muertas, horas?



Jorge Luis Borges

(14 de junio de 1986, 24 de agosto de 1899), Argentina. Cuentista, ensayista, poeta y traductor, y una figura clave en la literatura en lengua española . Su obra abarca el “carácter de irrealidad en toda la literatura”. Sus libros más conocidos, Ficciones (Ficciones) y El Aleph (El Aleph), publicados en la década de 1940, son recopilaciones de cuentos interconectados por temas comunes, incluyendo sueños, laberintos, bibliotecas, espejos, los escritores de ficción, la filosofía y la religión. Borges ha sido descrito por los críticos literarios como monumental escritor de Latinoamérica.


SONETO DEL VINO

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
¿Y singular idea de inventar la alegría?

Con otoños de oro la inventaron. El vino
fluye rojo a lo largo de las generaciones
como el río del tiempo y en el arduo camino
nos prodiga su música, su fuego y sus leones.

En la noche del júbilo o en la jornada adversa
exalta la alegría o mitiga el espanto
y el ditirambo nuevo que este día le canto

otrora lo cantaron el árabe y el persa.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
como si esta ya fuera ceniza en la memoria.



Pablo Neruda 

(Parral, Región del Maule, 12 de julio de 1904-Santiago, Región Metropolitana de Santiago, 23 de septiembre de 1973), fue un poeta chileno, considerado entre los mejores y más influyentes artistas de su siglo. Entre sus múltiples reconocimientos, destacan el Premio Nobel de Literatura en 1971 y un Doctorado honoris causa por la Universidad de Oxford.


ODA AL VINO 

VINO color de día, 
vino color de noche,
vino con pies de púrpura
o sangre de topacio,
vino,
Estrellado, hijo
de la tierra,
vino, liso
como una espada de oro,
suave
como un desordenado terciopelo,
vino encaracolado
y suspendido,
amoroso,
marino,
nunca has cabido en una copa,
en un canto, en un hombre,
coral, gregario eres,
y cuando menos, mutuo.
A veces
te nutres de recuerdos
mortales,
en tu ola
vamos de tumba en tumba,
picapedrero de sepulcro helado,
y lloramos
lágrimas transitorias,
pero
tu hermoso
traje de primavera
es diferente,
el corazón sube a las ramas,
el viento mueve el día,
nada queda
dentro de tu alma inmóvil.
El vino
mueve la primavera,
crece como una planta la alegría,
caen muros,
peñascos,
se cierran los abismos,
nace el canto.
Oh tú, jarra de vino, en el desierto
con la sabrosa que amo,
dijo el viejo poeta.
Que el cántaro de vino
al beso del amor sumé su beso.

Amor mío, de pronto
tu cadera
es la curva colmada
de la copa,
tu pecho es el racimo,
la luz del alcohol, tu cabellera,
las uvas, tus pezones,
tu ombligo sello puro
estampado en tu vientre de vasija,
y tu amor la cascada
de vino inextinguible,
la claridad que cae en mis sentidos,
el esplendor terrestre de la vida.

Pero no sólo amor,
beso quemante
o corazón quemado
eres, vino de vida,
sino
amistad de los seres, transparencia,
coro de disciplina,
abundancia de flores.
Amo sobre una mesa,
cuando se habla,
la luz de una botella
de inteligente vino.
Que lo beban,
que recuerden en cada
gota de oro
o copa de topacio
o cuchara de púrpura
¿Qué trabajó el otoño
hasta llenar de vino las vasijas
y aprenda el hombre oscuro,
en el ceremonial de su negocio,
a recordar la tierra y sus deberes,
a propagar el cántico del fruto.



Charles Bukowski

Charles Bukowski, bautizado como Heinrich Karl Bukowski (Andernach;16 de agosto de 1920 - Los Ángeles; 9 de marzo de 1994), fue un escritor y poeta estadounidense nacido en Alemania.
A menudo fue erróneamente asociado con los escritores de la Generación Beat, debido a sus similitudes de estilo y actitud. La escritura de Bukowski está fuertemente influida por la atmósfera de la ciudad donde pasó la mayor parte de su vida, Los Ángeles. Fue un autor prolífico; escribió más de cincuenta libros, incontables relatos cortos y multitud de poemas. A menudo es mencionado como influencia de autores contemporáneos y su estilo es frecuentemente imitado. Murió de leucemia en 1994, a la edad de 73 años. Hoy en día es considerado uno de los escritores más influyentes 
Símbolo del “realismo sucio” y la literatura independiente.


COMO TODOS LOS AÑOS DESPERDICIADOS
ayer la ebria Alicia
me dio
un frasco de mermelada de breva
y hoy ella
silva
por su gato
pero
Él no vendrá
venir-
él está con los caballos
en una
cuba de cerveza
o
en habitación 21
del Hotel
Crown Hill
o está en el
Cracker
Citizens National
Bank
o
arribó a
Nueva York a
5:30 p. m.
con una maleta de papel
y
7 dólares.

Cerca a Alicia
en su patio
un ganso de papel
camina
volteado de arriba a bajo
en una caja de cartón que dice :

California
Naranjas.

la ebria Alicia silba.
No, bien, no, bien.
trabaja despaciosamente.
cada quien se esfuerza duro
pero los
dioses.

Alicia entra por una
bebida, viene
afuera,
silba de nuevo
todo el camino hacia una
banca del parque en
El Paso-
y su amor viene
corriendo de los
árboles
ojos abrillantados como un
film de color
y no aguardando
hasta
el Lunes

entramos
juntos.


PÁJARO AZUL

Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo", ¿es que quieres
¿Hacerme un lío?
¿es que quieres
¿Mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, solo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?



Marino Muñoz Lagos 

(Mulchén, 1925). Poeta. En 1945 se titula como profesor primario en la Escuela Normal de Victoria y se traslada a Punta Arenas en 1948, donde ejerce como maestro hasta 1976. Publica los libros de poesía “Un hombre asoma por el rocío” (1949), “El solar inefable” (1953), “Dos cantos” (1955), “Los rostros de la lluvia” (1970), entre otros. Como columnista escribió para los diarios “La Prensa Austral”, “El Magallanes” y “La Nación”.


BAR COSMOPOLITA

Arribamos al mesón como un barco
se acomoda a los muelles.

El bar respira el humo azul
de numerosos tabacos distintos
y apenas alcanzamos a distinguir
los gestos de la cantinera.

Se habla de largos viajes
y los parroquianos más ebrios
se miran en los fantasmas que surgen
de los espejos trizados.

De improviso se abre una puerta
al golpe del viento
y todos nos vemos navegando
en un mar de tinieblas
rumbo a la embriaguez más espantosa.



Jorge Teillier

Jorge Teillier (Lautaro, 24 de junio de 1935 - Viña del Mar, 22 de abril de 1996) fue un destacado poeta chileno de la llamada generación literaria de 1950, creador y exponente de la poesía lárica. El poeta Jorge Teillier se inició a los 12 años en la escritura, leyendo libros de aventuras tales como Panait Istrati, Knut Hamsun, Julio Verne y los cuentos de hadas. Posteriormente, es influenciado por los poetas del modernismo hispanoamericano, Vicente Huidobro, y de la tradición universal de Jorge Manrique, Rainer Maria Rilke y François Villon. Se le vincula también con Hölderlin y Trakl. Para Teillier, lo importante en la poesía no era lo estético, sino la creación del mito y de un espacio o tiempo que trascendieran en lo cotidiano, utilizando lo cotidiano. Según Teillier, el poeta no debe significar, sino ser. Postuló un tiempo de arraigo frente a la generación de los años 50, que postulaba el éxodo hacia las ciudades.


POEMA DEL VINO 

Silencioso en el umbral de todas las puertas
el ángel rojo del vino espera.

Y espera al principio de todos los caminos,
en las más perdidas calles de lejanas ciudades,
en todos los trenes tomados de improviso,
bajo todas las viejas lunas cantadas
por los viejos poetas, con una copa en la mano.

Espera,
con la llave de las casas donde aún no hemos
llegado y que siempre esperamos ver abrirse.

Tras el oleaje manso de las colinas en invierno
el ángel del vino vela el sueño
de las cunas verdes de las vides que el viento mece.

Y cuando lo encierran bajo tierra
su sueño de resurrección
llena la copa que alzaremos en la Fiesta
y se une al nuestro.

Y de nuevo es verano en el mundo y aparece el noble tiempo
de los pájaros contemplados por los solitarios
en las cantinas de las aldeas
y los vagabundos y los desterrados
pueden leer la escritura de las nubes y los árboles.

Porque han vuelto los antiguos cortejos de los
alegres dioses,
y para nosotros vuelve el día
donde la primera copa de vino llegó a nuestros labios
junto a los alimentos ofrecidos por padres y amigos
y extendidos sobre la florida mesa de la tierra
a quien bendecía la clara mirada del vino.




Juan Manuel Roca

Nació en Medellín el 29 de diciembre de 1946. Transcurre su infancia en México y posteriormente en París. Durante los años 1988 a 1999 coordinó el Magazín Dominical de El Espectador, separata cultural con la que se formó prácticamente una generación, pues en esta se publicaron un buen número de poemas, reseñas y comentarios sobre los principales poetas modernos y contemporáneos.


DIARIO DE LA NOCHE

A la hora en que el sueño se desliza
Como un ladrón por senderos de fieltro
Los poetas beben aguas rumorosas
Mientras hablan de la oscuridad,
De la oscura edad que nos circunda.
A la hora en que el tren tizna la luna
Y el ángel del burdel se abandona a su suerte,
La orquesta toca un aire lastimero.
Una yegua del color de los espejos
Se hunde en la noche agitando su cola de cometa.
¿Qué invisible jinete la galopa?



Rafael Courtoisie

Poeta, narrador y ensayista uruguayo nacido en Montevideo en 1958. Es uno de los escritores más destacados de su país en las últimas décadas. Inició la carrera literaria durante la dictadura militar de 1973. Fue profesor invitado en Florida State University, Birmingham University y Universidad de Uruguay. Ha formado parte y dirigido varias antologías de poesía y ha actuado como jurado en numerosos concursos.  Es, además de conferencista y periodista cultural, un brillante representante de la literatura latinoamericana.


UNA COPA DE VINO

El vino es una flor de un solo pétalo de vidrio.
Entre los tantos seres que pueblan el mundo debido a su leve violencia, el vino es el de más firme delicadeza.
En el oscuro y claro reino de los líquidos, cuya soberanía comprende desde los almíbares hasta los venenos, el vino ocupa un lugar de misterio. La fuerza y somnolencia de las propiedades que lo definen hacen que se parezca a la sangre humana.
Está vivo, sí, pero es lento.
Le cuesta un poco fluir. Es hosco, vago y espeso. Avanza paso a paso entre las nubes de piedra que van desde los labios al borde del vaso, y del vaso al filo de las estrellas.
Va sin pensar, dentro de sí, en medio del sentido líquido de su cuerpo, como si le pesara la flojedad del sueño. Por lo común es rojo, de tono rubí, sereno, o francamente tinto.
A veces aguachento, como con gotas de agua lustral venidas de lejos.
En ocasiones, debido a la opalina propia de la cáscara de la cepa, al fermentar, transparenta, dando la idea y la palidez de una leucemia.
En el extendido reino de los líquidos se hallan junto a él el sudor, la saliva y el semen. También el agua de mar, las lágrimas de llanto y las de la menstruación, los humores segregados por los racimos del páncreas y los propios del hígado en su seno.
Pero el vino es el que más sobresale, el que más canta.
La pureza de su sonido y la razón proveniente de la oscuridad hacen su fuerza más verdadera.
Pero más obstinado y persistente aún que el vino es su silencio, el rastro de humedad que deja en las copas al abandonarlas, al ser bebido.
Al colmar una copa se alcanza la verdad, y al vaciarla se llena de violencia.
Entonces en el espacio queda una pregunta.
Y fuera del espacio el vino sin respuesta.







Taller de Creación Literaria La Gran Guerra Patria. Un niño entre las cenizas, 1941. LA POESÍA, UNA FORMA DE RESISTENCIA EN LA TIERRA El po...