(Poesía íntima, amorosa, existencial, de cuerpo, memoria y ausencia)
Es un recorrido lírico por las emociones profundas, el amor, la pérdida, el deseo y la su
UNA MÚSICO
(A Violeta Parra))
Ella recorría mis venas
como un río de fuego sigiloso,
estremecía el pulso callado de mis huesos,
tensaba el alambre oscuro de mis nervios
y se acostaba —silenciosa—
en los pliegues de mi pensamiento.
No habitaba lo explicable.
Era el reverso del lenguaje,
la grieta por donde escapa la razón.
Su música no sonaba:
sucedía. Se encendía en el pecho
como una lámpara vieja
cuando la infancia recuerda su nombre.
Irradiaba luz;
era la forma de mirar el mundo sin escudos.
Cada nota suya era un testigo del tiempo
y cada acorde —
una verdad que no pidió permiso.
Allí, ella tocaba.
Y cuando lo hacía,
el mundo —
con sus mercados,
sus guerras,
sus estados
y sus muertos —
cantaba.
No era el camino a la libertad.
Ella era la libertad,
vestida de sonido,
andando descalza entre los escombros
de nuestras ausencias.
Y yo,
ciudadano de un país
que ha callado demasiado,
entendí
como tiembla un imperio, por una melodia
y como una cuerda afinada,
es más justa que mil leyes,
que la belleza no sirve al poder: Lo enfrenta.
Porque cuando ella tocaba,
las armas se volvían palabras,
las lágrimas, partituras,
los desaparecidos, canción,
y el amor —ese animal que teme la política—
se atrevía a cantar.
ANOCHE
El corazón golpea fuerte
cuando su sombra se aproxima,
el desorden de las almas
acecha los suspiros,
el deseo recorre el aroma
de sobriedades embriagadas de su cuerpo.
En una grulla, vuelo hacia el infinito,
y estallo mil frascos ámbar
cuyas vísceras se deslizan por mi garganta.
Efímeras ideologías encadenadas
a sucesos que no existen,
se alimentan de millones de letras
que atraviesan mis ojos sin propósito.
El sonido no se clava en mi frente,
sino en las venas, que desangran relatos
dibujados sobre calles y cebras
de un sitio al que jamás he pertenecido.
Una puñalada en la garganta.
¡Las caricias se han vuelto recuerdos palpables!
Y aquí me pregunto si
la ecuación más simple de la existencia
es esta incertidumbre que finge progreso
y una luz vana en las artes más elevadas.
Tu jadeante pelo es pronunciado por caricias
de un humo que sube eternamente
hacia las profundidades encefálicas.
Mi camisa a cuadros maneja la profana figura,
infecta las evocaciones y trastornos póstumos.
Tú no estás más
tu… no más.
Entre tus piernas descansan mil y un jaguares
atisbando millones de curiosos que observan excitados
las fantasías más etéreas engendradas en sus mentes.
¿Yo importo? Las palabras escarnecen mi silencio.
Raquítico lunes, desdeñado martes,
efímero miércoles, pútrido jueves,
viernes con cielo de ti;
con una mañana vista en la sonrisa
y el reflejo de la tarde en las mejillas, polución en mi cara,
Las manos se cruzan, recetas pintadas en la calle.
¡Tú no estás más!
tú... no más
Se remuerde el inframundo
que vive en mi pecho
y caricias... no más.
Solo palabras sin nada nuevo,
cicatrices sin golpes,
drogas sin alucinaciones,
calles sin caminantes,
sexo sin posiciones,
Y tú no estás más
y tú… no más sin estar.
"Mis letras tan del mar"
Mis letras tan del mar,
tan del viento,
tan del espacio en silencio,
tan de la noche,
tan del encuentro.
Mis letras de ti…
Mis letras
Mis letras tan del manglar,
tan del páramo y su aliento,
tan del abismo callado,
tan de la noche sin tregua,
tan del derrumbe y del fuego.
Mis letras de ti…
"Fiel Compañera"
La pálida superficie, testigo mudo,
se cubría de lluvias antiguas,
cuerpos vertían su historia sobre ella.
Su cabeza, sumergida en el deseo de nombrar,
dejaba caer la noche en humildes caricias,
encendiendo la llama de versos en rebelión .
Razón en la inmersión,
danzaba entre las ruinas y amaneceres.
Aquel trance donde donde se encontraba poeta,
y su fiel compañera.
Barrio en Sur-Oriente
El agua hiere la piedra sin quejarse,
bebo la sombra quemada del café,
las sábanas aún tiemblan con la ausencia,
un insecto se ahoga en la brisa amarga.
El sol se apuñala contra los vidrios,
se astilla en muros de casas calladas.
Cada sentido es un filo en la carne,
cada latido, un país que despierta.
La quebrada ahoga su voz en tubos herrumbrosos,
un sorbo de tinto quiebra el hielo de la mañana.
Las sábanas, arrugadas como un cerro exhausto,
San Agustín despierta con techos de hollín.
Los lagos crecen en la memoria de la turba,
nadando entre anfibios, uchuvas, lulos y saucos,
los cerros respiran bajo capas de olvido.
Aquí, el viento resiste hasta rasgar los muros,
el tacto aprende la forma de la ausencia.
"Infancia interrumpida"
Mi vista cerró el mundo que era nuestro. El sol en el cenit ya se declina con tintes de un azure amarillento. Mi mano va presada en la de madre, corriendo por el sucio y gris asfalto. Mi saco lleva el yogurt de la escuela. Los buses son gigantes que me miran; las llantas de los carros me sonríen. Letreros van pasando muy veloces. El monstruo nos escupe a la ribera, en medio de edificios sin sus ríos. La pobre tortuguita se me escapa, cayendo en el vientre de la calle. Mi madre no percibe tal desdicha. Se pierde para siempre entre la mugre. Quisiera no haberla traído nunca. El cuento del odontólogo es horror. De pronto tu figura me saluda. Sostienes con tu mano mi juguete. Tus pecas son sonrisas de la infancia. Con cinco primaveras nos miramos. No habría más que un beso de ternura. No habremos de pensar en lo profundo. Los sueños se terminan muy de prisa. Al oírte me despierta la mañana.
📌 Imagen sugerida: Rostro fragmentado con símbolos musicales y un corazón abierto en trazos de lápiz.